Mi amado, aquí estoy,
hincada ante tu sombra invisible,
con las rodillas clavadas en la alfombra roja
como si el suelo mismo ardiera bajo mi entrega.
Mis manos descansan abiertas sobre mis muslos,
palmas hacia arriba, ofreciendo pecados
que pesan más que el deseo mismo. 🔥 Hoy vengo a confesarme,
no ante un dios frío y distante,
sino ante ti, hombre de carne caliente,
dueño de la llave que abre mis infiernos privados.
Mis días amaneen en una cama que grita tu ausencia,
sábanas arrugadas que aún guardan el eco
de mis caderas moviéndose solas,
buscando un relieve que no está. Cada mañana despierto con la muerte rondándome los pezones,
un frío que solo tu lengua podría derretir.
Mato mis propios deseos,
los estrangulo entre mis dedos temblorosos,
los ahogo hasta que gimen bajito
y se derraman húmedos entre mis piernas. 💦 No uso sostén, mi amor… ¿lo sabías?
Dejo que mis senos se alcen libres bajo la tela fina,
que rocen la camisa con cada paso,
que se endurezcan traicioneros
cuando pienso en tu boca cerrándose sobre ellos.
Mis suspiros se acumulan ahí,
ardientes, espesos,
se deslizan por el valle entre mis pechos
como miel caliente que nadie lame… aún. Por las calles camino con proposiciones decentes
que recibo con una sonrisa educada…
y luego las transformo en mi mente.
Las vuelvo obscenas,
las visto de cuero y cadenas,
las hago gemir tu nombre mientras yo me muerdo el labio
imaginando cómo te las contaría al oído
mientras mi mano baja despacio por tu abdomen. 😈 Algunos días juego a la perversa con el vecino.
Lo miro desde la ventana entreabierta,
dejo caer la bata lentamente,
solo lo suficiente para que vea
el encaje negro abrazando mis caderas.
Él pierde el aliento,
yo pierdo la decencia.
Lo he tenido contra la pared del pasillo,
sus manos torpes buscando mis pezones
mientras yo le susurro:
“Más fuerte… rómpeme un poco.” Lo he revolcado en el piso frío de la cocina,
mis piernas abiertas como ofrenda,
su lengua torpe aprendiendo el mapa
de mis pliegues más secretos.
Cada lamida era un castigo que yo misma me imponía…
porque ninguno era tú. Y hay días que el miedo me atraviesa entera.
Miedo a mis bajos instintos,
a esta hambre que no se sacia con nadie más.
Pienso en la maestra de mi hijo,
esa mujer de vestidos vaporosos
que sé —lo sé en mis entrañas—
que no lleva nada debajo.
Imagino deslizar mi mano por su muslo
durante una reunión de padres,
sentir cómo se humedece bajo mis dedos,
cómo su respiración se quiebra
mientras finjo hablar de calificaciones. Y el chico de la esquina… ay, mi amor.
Con él juego a ser puta fina.
Camino lento, caderas ondulantes,
falda corta que sube con cada paso,
tacones que marcan el ritmo de un polvo imaginario.
Lo miro de reojo,
dejo que vea cómo muerdo la cereza de mi bebida,
cómo mi lengua juega con ella
antes de tragarla entera.
Él se tensa, se ajusta los pantalones,
y yo sigo caminando…
mojada solo de imaginar tu celos. Mis noches terminan en pantallas prohibidas.
Dos amigas y yo,
cuerpos lejanos que se tocan con palabras sucias.
Les cuento cómo me tocaría si estuvieras aquí,
cómo abriría mis piernas para ti,
cómo mi clítoris palpita solo con pensar en tu lengua trazando círculos lentos,
cómo mis paredes internas se contraen
buscando llenarse de ti. Les describo cómo gemiría tu nombre
mientras mis dedos se hunden hasta el fondo,
cómo mi humedad empapa las sábanas,
cómo mis caderas se alzan solas
persiguiendo un orgasmo que solo tú podrías darme completo. Pero todo eso, amor mío,
es solo un preámbulo.
Un ensayo desesperado
para el momento en que abras la puerta
y me dejes entrar en tu infierno privado. Porque estoy condenada, sí…
pero no quiero salvación.
Quiero condena contigo. Quiero que me mires mientras me desnudas lentamente,
que rasgues el encaje con los dientes,
que marques mi piel con besos que duelan de tan intensos. Quiero sentir tus manos abriendo mis muslos
como si fueran puertas sagradas,
tu aliento caliente contra mi sexo empapado,
tu lengua entrando sin pedir permiso,
saboreando cada gota de mi rendición. Quiero que me tomes por detrás,
mi cara contra la pared,
tus caderas golpeando con fuerza,
cada embestida sacándome un grito ahogado,
mis uñas arañando la pintura
mientras mi cuerpo se estremece
y mi interior se aprieta alrededor de ti
como si nunca quisiera soltarte. Quiero cabalgarte hasta que me duela el alma,
mis senos balanceándose frente a tu boca,
tus manos apretando mis nalgas,
guiándome más profundo,
más rápido,
hasta que explote en mil pedazos
y te inunde con mi placer. Quiero que me amarres las muñecas,
que me hagas rogar,
que me niegues el orgasmo hasta que llore de necesidad,
y luego me lo concedas todo de golpe,
haciéndome gritar tu nombre
hasta que mi voz se quiebre. Quiero que me llenes entera,
que dejes tu esencia dentro de mí,
que gotee por mis muslos
mientras me abrazas después,
sudorosos, jadeantes,
y me susurres:
“Todos tus pecados… los tomé yo.” Aquí termino mi confesión, mi amor.
Pero no termina mi hambre.
Estoy hincada aún,
esperando. Abre la puerta.
Entra.
Libérame…
o condéname para siempre
entre tus brazos y tu sexo. Tómame.
Poséeme.
Hazme tuya hasta que olvide
dónde terminan mis pecados
y dónde comienza tu placer. 💋🔥🖤
hincada ante tu sombra invisible,
con las rodillas clavadas en la alfombra roja
como si el suelo mismo ardiera bajo mi entrega.
Mis manos descansan abiertas sobre mis muslos,
palmas hacia arriba, ofreciendo pecados
que pesan más que el deseo mismo. 🔥 Hoy vengo a confesarme,
no ante un dios frío y distante,
sino ante ti, hombre de carne caliente,
dueño de la llave que abre mis infiernos privados.
Mis días amaneen en una cama que grita tu ausencia,
sábanas arrugadas que aún guardan el eco
de mis caderas moviéndose solas,
buscando un relieve que no está. Cada mañana despierto con la muerte rondándome los pezones,
un frío que solo tu lengua podría derretir.
Mato mis propios deseos,
los estrangulo entre mis dedos temblorosos,
los ahogo hasta que gimen bajito
y se derraman húmedos entre mis piernas. 💦 No uso sostén, mi amor… ¿lo sabías?
Dejo que mis senos se alcen libres bajo la tela fina,
que rocen la camisa con cada paso,
que se endurezcan traicioneros
cuando pienso en tu boca cerrándose sobre ellos.
Mis suspiros se acumulan ahí,
ardientes, espesos,
se deslizan por el valle entre mis pechos
como miel caliente que nadie lame… aún. Por las calles camino con proposiciones decentes
que recibo con una sonrisa educada…
y luego las transformo en mi mente.
Las vuelvo obscenas,
las visto de cuero y cadenas,
las hago gemir tu nombre mientras yo me muerdo el labio
imaginando cómo te las contaría al oído
mientras mi mano baja despacio por tu abdomen. 😈 Algunos días juego a la perversa con el vecino.
Lo miro desde la ventana entreabierta,
dejo caer la bata lentamente,
solo lo suficiente para que vea
el encaje negro abrazando mis caderas.
Él pierde el aliento,
yo pierdo la decencia.
Lo he tenido contra la pared del pasillo,
sus manos torpes buscando mis pezones
mientras yo le susurro:
“Más fuerte… rómpeme un poco.” Lo he revolcado en el piso frío de la cocina,
mis piernas abiertas como ofrenda,
su lengua torpe aprendiendo el mapa
de mis pliegues más secretos.
Cada lamida era un castigo que yo misma me imponía…
porque ninguno era tú. Y hay días que el miedo me atraviesa entera.
Miedo a mis bajos instintos,
a esta hambre que no se sacia con nadie más.
Pienso en la maestra de mi hijo,
esa mujer de vestidos vaporosos
que sé —lo sé en mis entrañas—
que no lleva nada debajo.
Imagino deslizar mi mano por su muslo
durante una reunión de padres,
sentir cómo se humedece bajo mis dedos,
cómo su respiración se quiebra
mientras finjo hablar de calificaciones. Y el chico de la esquina… ay, mi amor.
Con él juego a ser puta fina.
Camino lento, caderas ondulantes,
falda corta que sube con cada paso,
tacones que marcan el ritmo de un polvo imaginario.
Lo miro de reojo,
dejo que vea cómo muerdo la cereza de mi bebida,
cómo mi lengua juega con ella
antes de tragarla entera.
Él se tensa, se ajusta los pantalones,
y yo sigo caminando…
mojada solo de imaginar tu celos. Mis noches terminan en pantallas prohibidas.
Dos amigas y yo,
cuerpos lejanos que se tocan con palabras sucias.
Les cuento cómo me tocaría si estuvieras aquí,
cómo abriría mis piernas para ti,
cómo mi clítoris palpita solo con pensar en tu lengua trazando círculos lentos,
cómo mis paredes internas se contraen
buscando llenarse de ti. Les describo cómo gemiría tu nombre
mientras mis dedos se hunden hasta el fondo,
cómo mi humedad empapa las sábanas,
cómo mis caderas se alzan solas
persiguiendo un orgasmo que solo tú podrías darme completo. Pero todo eso, amor mío,
es solo un preámbulo.
Un ensayo desesperado
para el momento en que abras la puerta
y me dejes entrar en tu infierno privado. Porque estoy condenada, sí…
pero no quiero salvación.
Quiero condena contigo. Quiero que me mires mientras me desnudas lentamente,
que rasgues el encaje con los dientes,
que marques mi piel con besos que duelan de tan intensos. Quiero sentir tus manos abriendo mis muslos
como si fueran puertas sagradas,
tu aliento caliente contra mi sexo empapado,
tu lengua entrando sin pedir permiso,
saboreando cada gota de mi rendición. Quiero que me tomes por detrás,
mi cara contra la pared,
tus caderas golpeando con fuerza,
cada embestida sacándome un grito ahogado,
mis uñas arañando la pintura
mientras mi cuerpo se estremece
y mi interior se aprieta alrededor de ti
como si nunca quisiera soltarte. Quiero cabalgarte hasta que me duela el alma,
mis senos balanceándose frente a tu boca,
tus manos apretando mis nalgas,
guiándome más profundo,
más rápido,
hasta que explote en mil pedazos
y te inunde con mi placer. Quiero que me amarres las muñecas,
que me hagas rogar,
que me niegues el orgasmo hasta que llore de necesidad,
y luego me lo concedas todo de golpe,
haciéndome gritar tu nombre
hasta que mi voz se quiebre. Quiero que me llenes entera,
que dejes tu esencia dentro de mí,
que gotee por mis muslos
mientras me abrazas después,
sudorosos, jadeantes,
y me susurres:
“Todos tus pecados… los tomé yo.” Aquí termino mi confesión, mi amor.
Pero no termina mi hambre.
Estoy hincada aún,
esperando. Abre la puerta.
Entra.
Libérame…
o condéname para siempre
entre tus brazos y tu sexo. Tómame.
Poséeme.
Hazme tuya hasta que olvide
dónde terminan mis pecados
y dónde comienza tu placer. 💋🔥🖤
Escrito con fuego para ti, mi amor… 🌹❤️


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