Versos que Gotean
Partida inconclusa
y yo nunca quiero que termine. ♾️❤️🔥
Mi amor…
Aún tiembla mi cuerpo cuando cierro los ojos y te vuelvo a sentir.
Mis manos inquietas, esas traidoras que nunca aprendieron a quedarse quietas contigo,
recorren en la memoria cada centímetro de tu silueta desnuda,
despertando en tu piel ese escalofrío que me pertenece.
Te escribo esta noche porque el deseo no me deja dormir,
porque mi sexo palpita solo con evocar el sabor salado de tu cuello…
Quiero que leas esto lentamente…
que sientas cómo mis palabras se deslizan por tu piel igual que mi lengua lo hacía.
Recuerdo la primera vez que mis dedos encontraron el borde de tus bóxers,
ese instante en que el aire se volvió denso, eléctrico…
Lo tomé con reverencia… y con hambre.
Mi lengua dibujó círculos lentos alrededor de tu glande,
saboreando esa gota perlada que se escapaba como miel caliente.
Y cuando por fin te envolví con mis labios… te llevé hasta el fondo de mi garganta.
En la penumbra tu aliento quema mi nuca,
un susurro ronco que me ordena arquearme.
Tus dedos encuentran la curva húmeda entre mis muslos,
dibujan senderos lentos que me hacen temblar.
No hay prisa cuando me abres con la mirada,
solo el latido sordo de la espera que nos consume.
Desciendes como lluvia tibia sobre mi vientre,
tu boca bebe el néctar que solo tú provocas.
Gimo tu nombre en sílabas rotas,
mientras tu lengua escribe promesas indecentes en mi centro.
Y cuando el fuego estalla en oleadas,
me entrego entera, convulsionando entre tus brazos.
Tu calor me llena, me marca, me reclama.
Soy tuya… en cada espasmo, en cada suspiro.
Bajo la luna mis piernas se abren como alas rotas,
invitándote a entrar en el templo secreto de mi carne.
Tu miembro, duro como el destino, me atraviesa despacio,
centímetro a centímetro, hasta borrar toda distancia.
Nuestros pubis se besan con violencia dulce,
el roce nos electrocuta, nos funde en uno solo.
Cabalgo tu deseo como si fuera el último amanecer,
mis uñas graban lunas crecientes en tu espalda.
“Más profundo”, suplico con voz quebrada,
y tú obedeces, implacable, hermoso en tu lujuria.
Cuando el clímax nos alcanza al unísono,
tu esencia me inunda, caliente, abundante, eterna.
Nos quedamos temblando, pegados, sudados,
dos almas desnudas bendecidas por la noche.
Ven otra vez… aunque sea en sueños.
Hazme tuya hasta que no quede rincón sin tu nombre.
Escrito con fuego para ti, mi amor… 🌹❤️
Un poema erótico y confesional donde una mujer se arrodilla ante su amante para revelar sus deseos más oscuros y pecaminosos. Sensualidad, entrega total y pasión desenfrenada en cada verso. Sumérgete en esta oda al placer prohibido. 🔥💋
Mi amado, aquí estoy,
hincada ante tu sombra invisible,
con las rodillas clavadas en la alfombra roja
como si el suelo mismo ardiera bajo mi entrega.
Mis manos descansan abiertas sobre mis muslos,
palmas hacia arriba, ofreciendo pecados
que pesan más que el deseo mismo. 🔥
Hoy vengo a confesarme,
no ante un dios frío y distante,
sino ante ti, hombre de carne caliente,
dueño de la llave que abre mis infiernos privados.
Mis días amaneen en una cama que grita tu ausencia,
sábanas arrugadas que aún guardan el eco
de mis caderas moviéndose solas,
buscando un relieve que no está.
Cada mañana despierto con la muerte rondándome los pezones,
un frío que solo tu lengua podría derretir.
Mato mis propios deseos,
los estrangulo entre mis dedos temblorosos,
los ahogo hasta que gimen bajito
y se derraman húmedos entre mis piernas. 💦
No uso sostén, mi amor… ¿lo sabías?
Dejo que mis senos se alcen libres bajo la tela fina,
que rocen la camisa con cada paso,
que se endurezcan traicioneros
cuando pienso en tu boca cerrándose sobre ellos.
Mis suspiros se acumulan ahí,
ardientes, espesos,
se deslizan por el valle entre mis pechos
como miel caliente que nadie lame… aún.
Por las calles camino con proposiciones decentes
que recibo con una sonrisa educada…
y luego las transformo en mi mente.
Las vuelvo obscenas,
las visto de cuero y cadenas,
las hago gemir tu nombre mientras yo me muerdo el labio
imaginando cómo te las contaría al oído
mientras mi mano baja despacio por tu abdomen. 😈
Algunos días juego a la perversa con el vecino.
Lo miro desde la ventana entreabierta,
dejo caer la bata lentamente,
solo lo suficiente para que vea
el encaje negro abrazando mis caderas.
Quiero que me llenes entera,
que dejes tu esencia dentro de mí,
que gotee por mis muslos
mientras me abrazas después,
sudorosos, jadeantes,
y me susurres:
“Todos tus pecados… los tomé yo.”
Aquí termino mi confesión, mi amor.
Pero no termina mi hambre.
Estoy hincada aún,
esperando.
Abre la puerta.
Entra.
Libérame…
o condéname para siempre
entre tus brazos y tu sexo.
Tómame.
Poséeme.
Hazme tuya hasta que olvide
dónde terminan mis pecados
y dónde comienza tu placer. 💋🔥🖤
Escrito con fuego para ti, mi amor… 🌹❤️
Libérate del pasado y entrégate al fuego que arde dentro
Hay un instante exacto en que el corazón se rompe del todo... y se libera. Acepta que la perdiste, no hoy, sino hace mucho. Ese amor que te asfixiaba con mentiras, con ausencias, con perfumes ajenos en su piel. Pero de las cenizas nace algo más crudo, más vivo: un deseo carnal que ya no pide permiso. Este poema erótico te lleva por esa progresión: del dolor sordo a la entrega total, de la contención a la explosión sensorial. Más de 2000 palabras de pasión, sudor, encaje y fusión prohibida.
Acepta que la perdiste, no fue un adiós repentino,
sino un goteo lento de ausencias que te dejaron hueca.
Mientras llorabas a escondidas, con la almohada empapada,
él se revolcaba en camas ajenas, riendo, bebiendo, oliendo a otras.
Tú callabas cuando preguntaban "¿y el amor?",
cambiabas de tema, tragabas el nudo, fingías sonrisas.
Pero cada lágrima secreta se fue convirtiendo en fuego líquido,
en un hambre que ya no se conforma con migajas.
Pensabas que no se daría cuenta, que tus mentiras eran invisibles.
Perfume barato en tu camisa, labios hinchados de besos robados,
horas "sin tiempo" que sí tenías para otras caderas.
Reclamabas su cuerpo como tuyo, oliendo a licor y a traición,
exigías entrega mientras tu instinto animal te llevaba a otros brazos.
Pero ella lo supo todo. Cruzó el mismo camino dos veces,
vio las huellas, olió las mentiras, sintió el vacío.
Y en ese vacío empezó a despertar su propio deseo.
Ya no esperas. Ya no suplicas tiempo que nunca llega.
Ahora eres tú quien llama, y el deseo acude sin excusas.
Un desconocido (o quizás solo tu fantasía) aparece en la penumbra,
manos fuertes que no piden permiso, que te toman.
El body de encaje negro se pega a tu piel sudorosa,
el escote profundo sube y baja con tu respiración agitada.
Sus dedos recorren la tela, se hunden en tus caderas,
te arqueas hacia él, reclamando lo que te negaron.
No hay promesas falsas, solo carne contra carne a través de la seda.
Tu boca encuentra su cuello, saboreas sal y urgencia.
Él gruñe tu nombre mientras sus manos suben por tus muslos,
deteniéndose en el borde de los ligueros, tirando suavemente.
El encaje roza tus pezones endurecidos, un tormento delicioso.
Te arrodillas, abrazas sus muslos cubiertos de jeans oscuros,
tu rostro cerca de la tensión que crece bajo la tela.
No necesitas desnudarte: la lencería erótica es tu armadura y tu rendición.
Cada roce es eléctrico, cada suspiro un incendio.
Te excita saber que ahora tú decides quién te posee.
Me pones a hervir, me haces palpitar como nunca antes.
Tus manos me giran, me inclinan sobre la cama,
el corsé se aprieta más, acentúa cada curva.
Sientes cómo me entrego, cómo mi cuerpo se abre a ti,
a través de transparencias que insinúan sin revelar.
El sudor perla en mi clavícula, baja por mi escote,
tú lo lames, reclamas cada gota como trofeo.
Nos perdemos en un ritmo brutal: caderas que chocan,
gemidos que se ahogan en besos hambrientos.
El placer sube como lava, me contraigo alrededor de ti,
hasta que el mundo explota en un orgasmo que borra el pasado.
Siempre te quedas, no como él, con mentiras y ausencias,
sino tatuado en mi carne, en el eco de cada jadeo.
Tus dedos dejan marcas rojas bajo el encaje,
huellas que mañana miraré con una sonrisa perversa.
Me haces tuya sin promesas, solo con la fuerza de tu deseo.
Yo te hago mío con cada contracción, cada gemido,
cada vez que mi cuerpo te aprieta y no te suelta.
La lencería sexy es testigo: arrugada, húmeda, testigo de la fusión carnal.
No insistas en volver. Ella se curó de tus oportunidades falsas.
Ahora elige entregarse a quien la hace arder de verdad.
La vida es boomerang: lo que diste en traición, recibes en vacío.
Lo que ella da ahora es puro, salvaje, sin filtros.
Acepta que la perdiste, y déjala volar.
En su vuelo encuentra el éxtasis, la entrega absoluta,
el placer que nunca supiste darle... ni recibir.
Así que retírate con la dignidad que nunca tuviste.
Busca a otra que aguante tus mentiras.
Mientras, ella se pierde en brazos que sí la valoran,
en camas donde el tiempo sobra para devorarse.
Su cuerpo, cubierto de encaje negro brillante,
se arquea una y otra vez, gritando libertad.
Acepta que la perdiste... y que ella, por fin, se encontró.
Palabras clave naturales: poema erótico, deseo carnal, entrega sensual, lencería erótica, liberación sexual, pasión intensa, aceptación de la pérdida, fusión de cuerpos.