Péndulo de Lujuria – Partida Inconclusa en el Olimpo de Tu Piel 💋🔥

Versos que Gotean • Piel que Arde en Silencio

Versos que Gotean

Piel que arde en silencio

Partida inconclusa

Mi Dios del Olimpo de mirada atrapada tras cristales,
te escribo desde esta cama que aún guarda el eco de tu nombre.
No hay partida de ajedrez que termine esta noche,
porque el rey eres tú y yo… soy la reina que se rinde sin lucha,
que se entrega en cada casilla negra de tu deseo. ♟️
Tus prosas me marcaron como hierro caliente en carne blanda,
dejaste comas húmedas entre mis muslos temblorosos,
puntos suspensivos que se deslizan lentos… muy lentos…
justo donde mi sexo se abre como flor nocturna esperando lluvia…
… … …
y en ese silencio punteado exploto sin tocarme todavía. 😩💦

Quiero ser el cuaderno donde escribes tus delirios más oscuros,
donde cada letra que trazas con tu lengua invisible
deja surcos rojos en mi piel,
donde cada tilde es un mordisco suave en el lóbulo de mi oreja
y cada acento agudo… un gemido que se me escapa sin permiso.
¡Ahhh…! escribe más fuerte, amor…
que el papel se rompa y yo me rompa contigo. 📝❤️‍🔥
Mis bragas están empapadas de nuevo…
no es sudor, es devoción líquida,
es la evidencia física de que tu poesía me folla sin piedad
aunque estés a kilómetros de distancia.

Ven… aunque sea solo en palabras.
Fóllame con cada letra,
hazme tuya con cada espacio en blanco,
déjame temblando hasta el amanecer.
Y cuando salga el sol
y las sábanas estén frías de nuevo,
volveré a leerte…
y todo comenzará otra vez.
Porque esta partida nunca termina,
y yo nunca quiero que termine. ♾️❤️‍🔥
Escrito en la penumbra • Puebla, 2026

Piel que susurra

Piel que Susurra – Poemas Eróticos

Piel que susurra

Mi amor…

Aún tiembla mi cuerpo cuando cierro los ojos y te vuelvo a sentir.

Mis manos inquietas, esas traidoras que nunca aprendieron a quedarse quietas contigo,

recorren en la memoria cada centímetro de tu silueta desnuda,

despertando en tu piel ese escalofrío que me pertenece.

Te escribo esta noche porque el deseo no me deja dormir,

porque mi sexo palpita solo con evocar el sabor salado de tu cuello…

Quiero que leas esto lentamente…

que sientas cómo mis palabras se deslizan por tu piel igual que mi lengua lo hacía.

Recuerdo la primera vez que mis dedos encontraron el borde de tus bóxers,

ese instante en que el aire se volvió denso, eléctrico…

Lo tomé con reverencia… y con hambre.

Mi lengua dibujó círculos lentos alrededor de tu glande,

saboreando esa gota perlada que se escapaba como miel caliente.

Y cuando por fin te envolví con mis labios… te llevé hasta el fondo de mi garganta.

En la penumbra tu aliento quema mi nuca,

un susurro ronco que me ordena arquearme.

Tus dedos encuentran la curva húmeda entre mis muslos,

dibujan senderos lentos que me hacen temblar.

No hay prisa cuando me abres con la mirada,

solo el latido sordo de la espera que nos consume.

Desciendes como lluvia tibia sobre mi vientre,

tu boca bebe el néctar que solo tú provocas.

Gimo tu nombre en sílabas rotas,

mientras tu lengua escribe promesas indecentes en mi centro.

Y cuando el fuego estalla en oleadas,

me entrego entera, convulsionando entre tus brazos.

Tu calor me llena, me marca, me reclama.

Soy tuya… en cada espasmo, en cada suspiro.

Bajo la luna mis piernas se abren como alas rotas,

invitándote a entrar en el templo secreto de mi carne.

Tu miembro, duro como el destino, me atraviesa despacio,

centímetro a centímetro, hasta borrar toda distancia.

Nuestros pubis se besan con violencia dulce,

el roce nos electrocuta, nos funde en uno solo.

Cabalgo tu deseo como si fuera el último amanecer,

mis uñas graban lunas crecientes en tu espalda.

“Más profundo”, suplico con voz quebrada,

y tú obedeces, implacable, hermoso en tu lujuria.

Cuando el clímax nos alcanza al unísono,

tu esencia me inunda, caliente, abundante, eterna.

Nos quedamos temblando, pegados, sudados,

dos almas desnudas bendecidas por la noche.

Ven otra vez… aunque sea en sueños.

Hazme tuya hasta que no quede rincón sin tu nombre.

Confesión de Pecados Ardientes: Libérame con Tu Cuerpo

Confesión de Pecados Ardientes: Libérame con Tu Cuerpo
Mi amado, aquí estoy,
hincada ante tu sombra invisible,
con las rodillas clavadas en la alfombra roja
como si el suelo mismo ardiera bajo mi entrega.
Mis manos descansan abiertas sobre mis muslos,
palmas hacia arriba, ofreciendo pecados
que pesan más que el deseo mismo. 🔥 Hoy vengo a confesarme,
no ante un dios frío y distante,
sino ante ti, hombre de carne caliente,
dueño de la llave que abre mis infiernos privados.
Mis días amaneen en una cama que grita tu ausencia,
sábanas arrugadas que aún guardan el eco
de mis caderas moviéndose solas,
buscando un relieve que no está. Cada mañana despierto con la muerte rondándome los pezones,
un frío que solo tu lengua podría derretir.
Mato mis propios deseos,
los estrangulo entre mis dedos temblorosos,
los ahogo hasta que gimen bajito
y se derraman húmedos entre mis piernas. 💦 No uso sostén, mi amor… ¿lo sabías?
Dejo que mis senos se alcen libres bajo la tela fina,
que rocen la camisa con cada paso,
que se endurezcan traicioneros
cuando pienso en tu boca cerrándose sobre ellos.
Mis suspiros se acumulan ahí,
ardientes, espesos,
se deslizan por el valle entre mis pechos
como miel caliente que nadie lame… aún. Por las calles camino con proposiciones decentes
que recibo con una sonrisa educada…
y luego las transformo en mi mente.
Las vuelvo obscenas,
las visto de cuero y cadenas,
las hago gemir tu nombre mientras yo me muerdo el labio
imaginando cómo te las contaría al oído
mientras mi mano baja despacio por tu abdomen. 😈 Algunos días juego a la perversa con el vecino.
Lo miro desde la ventana entreabierta,
dejo caer la bata lentamente,
solo lo suficiente para que vea
el encaje negro abrazando mis caderas.
Él pierde el aliento,
yo pierdo la decencia.
Lo he tenido contra la pared del pasillo,
sus manos torpes buscando mis pezones
mientras yo le susurro:
“Más fuerte… rómpeme un poco.” Lo he revolcado en el piso frío de la cocina,
mis piernas abiertas como ofrenda,
su lengua torpe aprendiendo el mapa
de mis pliegues más secretos.
Cada lamida era un castigo que yo misma me imponía…
porque ninguno era tú. Y hay días que el miedo me atraviesa entera.
Miedo a mis bajos instintos,
a esta hambre que no se sacia con nadie más.
Pienso en la maestra de mi hijo,
esa mujer de vestidos vaporosos
que sé —lo sé en mis entrañas—
que no lleva nada debajo.
Imagino deslizar mi mano por su muslo
durante una reunión de padres,
sentir cómo se humedece bajo mis dedos,
cómo su respiración se quiebra
mientras finjo hablar de calificaciones. Y el chico de la esquina… ay, mi amor.
Con él juego a ser puta fina.
Camino lento, caderas ondulantes,
falda corta que sube con cada paso,
tacones que marcan el ritmo de un polvo imaginario.
Lo miro de reojo,
dejo que vea cómo muerdo la cereza de mi bebida,
cómo mi lengua juega con ella
antes de tragarla entera.
Él se tensa, se ajusta los pantalones,
y yo sigo caminando…
mojada solo de imaginar tu celos. Mis noches terminan en pantallas prohibidas.
Dos amigas y yo,
cuerpos lejanos que se tocan con palabras sucias.
Les cuento cómo me tocaría si estuvieras aquí,
cómo abriría mis piernas para ti,
cómo mi clítoris palpita solo con pensar en tu lengua trazando círculos lentos,
cómo mis paredes internas se contraen
buscando llenarse de ti. Les describo cómo gemiría tu nombre
mientras mis dedos se hunden hasta el fondo,
cómo mi humedad empapa las sábanas,
cómo mis caderas se alzan solas
persiguiendo un orgasmo que solo tú podrías darme completo. Pero todo eso, amor mío,
es solo un preámbulo.
Un ensayo desesperado
para el momento en que abras la puerta
y me dejes entrar en tu infierno privado. Porque estoy condenada, sí…
pero no quiero salvación.
Quiero condena contigo. Quiero que me mires mientras me desnudas lentamente,
que rasgues el encaje con los dientes,
que marques mi piel con besos que duelan de tan intensos. Quiero sentir tus manos abriendo mis muslos
como si fueran puertas sagradas,
tu aliento caliente contra mi sexo empapado,
tu lengua entrando sin pedir permiso,
saboreando cada gota de mi rendición. Quiero que me tomes por detrás,
mi cara contra la pared,
tus caderas golpeando con fuerza,
cada embestida sacándome un grito ahogado,
mis uñas arañando la pintura
mientras mi cuerpo se estremece
y mi interior se aprieta alrededor de ti
como si nunca quisiera soltarte. Quiero cabalgarte hasta que me duela el alma,
mis senos balanceándose frente a tu boca,
tus manos apretando mis nalgas,
guiándome más profundo,
más rápido,
hasta que explote en mil pedazos
y te inunde con mi placer. Quiero que me amarres las muñecas,
que me hagas rogar,
que me niegues el orgasmo hasta que llore de necesidad,
y luego me lo concedas todo de golpe,
haciéndome gritar tu nombre
hasta que mi voz se quiebre. Quiero que me llenes entera,
que dejes tu esencia dentro de mí,
que gotee por mis muslos
mientras me abrazas después,
sudorosos, jadeantes,
y me susurres:
“Todos tus pecados… los tomé yo.” Aquí termino mi confesión, mi amor.
Pero no termina mi hambre.
Estoy hincada aún,
esperando. Abre la puerta.
Entra.
Libérame…
o condéname para siempre
entre tus brazos y tu sexo. Tómame.
Poséeme.
Hazme tuya hasta que olvide
dónde terminan mis pecados
y dónde comienza tu placer. 💋🔥🖤

Escrito con fuego para ti, mi amor… 🌹❤️

Confesión de Pecados Ardientes: Libérame con Tu Cuerpo

Confesión de Pecados Ardientes: Libérame con Tu Cuerpo

Un poema erótico y confesional donde una mujer se arrodilla ante su amante para revelar sus deseos más oscuros y pecaminosos. Sensualidad, entrega total y pasión desenfrenada en cada verso. Sumérgete en esta oda al placer prohibido. 🔥💋

Mi amado, aquí estoy,

hincada ante tu sombra invisible,

con las rodillas clavadas en la alfombra roja

como si el suelo mismo ardiera bajo mi entrega.

Mis manos descansan abiertas sobre mis muslos,

palmas hacia arriba, ofreciendo pecados

que pesan más que el deseo mismo. 🔥

Hoy vengo a confesarme,

no ante un dios frío y distante,

sino ante ti, hombre de carne caliente,

dueño de la llave que abre mis infiernos privados.

Mis días amaneen en una cama que grita tu ausencia,

sábanas arrugadas que aún guardan el eco

de mis caderas moviéndose solas,

buscando un relieve que no está.

Cada mañana despierto con la muerte rondándome los pezones,

un frío que solo tu lengua podría derretir.

Mato mis propios deseos,

los estrangulo entre mis dedos temblorosos,

los ahogo hasta que gimen bajito

y se derraman húmedos entre mis piernas. 💦

No uso sostén, mi amor… ¿lo sabías?

Dejo que mis senos se alcen libres bajo la tela fina,

que rocen la camisa con cada paso,

que se endurezcan traicioneros

cuando pienso en tu boca cerrándose sobre ellos.

Mis suspiros se acumulan ahí,

ardientes, espesos,

se deslizan por el valle entre mis pechos

como miel caliente que nadie lame… aún.

Por las calles camino con proposiciones decentes

que recibo con una sonrisa educada…

y luego las transformo en mi mente.

Las vuelvo obscenas,

las visto de cuero y cadenas,

las hago gemir tu nombre mientras yo me muerdo el labio

imaginando cómo te las contaría al oído

mientras mi mano baja despacio por tu abdomen. 😈

Algunos días juego a la perversa con el vecino.

Lo miro desde la ventana entreabierta,

dejo caer la bata lentamente,

solo lo suficiente para que vea

el encaje negro abrazando mis caderas.

Quiero que me llenes entera,

que dejes tu esencia dentro de mí,

que gotee por mis muslos

mientras me abrazas después,

sudorosos, jadeantes,

y me susurres:

“Todos tus pecados… los tomé yo.”

Aquí termino mi confesión, mi amor.

Pero no termina mi hambre.

Estoy hincada aún,

esperando.

Abre la puerta.

Entra.

Libérame…

o condéname para siempre

entre tus brazos y tu sexo.

Tómame.

Poséeme.

Hazme tuya hasta que olvide

dónde terminan mis pecados

y dónde comienza tu placer. 💋🔥🖤

Escrito con fuego para ti, mi amor… 🌹❤️

Acepta Que La Perdiste: Poema Erótico de Liberación.

<a target="_blank" href="https://www.google.com/search?ved=1t:260882&q=Acepta+Que+La+Perdiste+poema&bbid=6645545911383932915&bpid=5835374049923893866" data-preview>Acepta Que La Perdiste</a>: Poema Erótico de Liberación, Deseo y Entrega Carnal
Mujer sensual en body negro de encaje, arrodillada en dormitorio tenue, expresión de deseo intenso y liberación erótica
"

Libérate del pasado y entrégate al fuego que arde dentro

Introducción: El Momento de Aceptar la Pérdida y Encender el Deseo

Hay un instante exacto en que el corazón se rompe del todo... y se libera. Acepta que la perdiste, no hoy, sino hace mucho. Ese amor que te asfixiaba con mentiras, con ausencias, con perfumes ajenos en su piel. Pero de las cenizas nace algo más crudo, más vivo: un deseo carnal que ya no pide permiso. Este poema erótico te lleva por esa progresión: del dolor sordo a la entrega total, de la contención a la explosión sensorial. Más de 2000 palabras de pasión, sudor, encaje y fusión prohibida.

Parte 1: El Dolor que se Convierte en Hambre

Las Lágrimas que Nadie Vio

Acepta que la perdiste, no fue un adiós repentino,
sino un goteo lento de ausencias que te dejaron hueca.
Mientras llorabas a escondidas, con la almohada empapada,
él se revolcaba en camas ajenas, riendo, bebiendo, oliendo a otras.
Tú callabas cuando preguntaban "¿y el amor?",
cambiabas de tema, tragabas el nudo, fingías sonrisas.
Pero cada lágrima secreta se fue convirtiendo en fuego líquido,
en un hambre que ya no se conforma con migajas.

El Puñal que Hundiste Tú Mismo

Pensabas que no se daría cuenta, que tus mentiras eran invisibles.
Perfume barato en tu camisa, labios hinchados de besos robados,
horas "sin tiempo" que sí tenías para otras caderas.
Reclamabas su cuerpo como tuyo, oliendo a licor y a traición,
exigías entrega mientras tu instinto animal te llevaba a otros brazos.
Pero ella lo supo todo. Cruzó el mismo camino dos veces,
vio las huellas, olió las mentiras, sintió el vacío.
Y en ese vacío empezó a despertar su propio deseo.


" alt="Mujer en corsé negro de encaje, sentada en cama revuelta, mirada de deseo contenido y liberación">

Parte 2: La Liberación – Cuando el Cuerpo Toma el Control

El Primer Toque que Quema

Ya no esperas. Ya no suplicas tiempo que nunca llega.
Ahora eres tú quien llama, y el deseo acude sin excusas.
Un desconocido (o quizás solo tu fantasía) aparece en la penumbra,
manos fuertes que no piden permiso, que te toman.
El body de encaje negro se pega a tu piel sudorosa,
el escote profundo sube y baja con tu respiración agitada.
Sus dedos recorren la tela, se hunden en tus caderas,
te arqueas hacia él, reclamando lo que te negaron.
No hay promesas falsas, solo carne contra carne a través de la seda.

La Batalla de los Sentidos

Tu boca encuentra su cuello, saboreas sal y urgencia.
Él gruñe tu nombre mientras sus manos suben por tus muslos,
deteniéndose en el borde de los ligueros, tirando suavemente.
El encaje roza tus pezones endurecidos, un tormento delicioso.
Te arrodillas, abrazas sus muslos cubiertos de jeans oscuros,
tu rostro cerca de la tensión que crece bajo la tela.
No necesitas desnudarte: la lencería erótica es tu armadura y tu rendición.
Cada roce es eléctrico, cada suspiro un incendio.
Te excita saber que ahora tú decides quién te posee.

El Volcán que Estalla

Me pones a hervir, me haces palpitar como nunca antes.
Tus manos me giran, me inclinan sobre la cama,
el corsé se aprieta más, acentúa cada curva.
Sientes cómo me entrego, cómo mi cuerpo se abre a ti,
a través de transparencias que insinúan sin revelar.
El sudor perla en mi clavícula, baja por mi escote,
tú lo lames, reclamas cada gota como trofeo.
Nos perdemos en un ritmo brutal: caderas que chocan,
gemidos que se ahogan en besos hambrientos.
El placer sube como lava, me contraigo alrededor de ti,
hasta que el mundo explota en un orgasmo que borra el pasado.


" alt="Mujer arrodillada en body negro encaje, manos masculinas posesivas en cintura, atmósfera de pasión intensa">

Parte 3: La Entrega Total – Donde el Alma y la Carne se Funden

Clavado en Mi Piel para Siempre

Siempre te quedas, no como él, con mentiras y ausencias,
sino tatuado en mi carne, en el eco de cada jadeo.
Tus dedos dejan marcas rojas bajo el encaje,
huellas que mañana miraré con una sonrisa perversa.
Me haces tuya sin promesas, solo con la fuerza de tu deseo.
Yo te hago mío con cada contracción, cada gemido,
cada vez que mi cuerpo te aprieta y no te suelta.
La lencería sexy es testigo: arrugada, húmeda, testigo de la fusión carnal.

La Dignidad Recuperada en el Placer

No insistas en volver. Ella se curó de tus oportunidades falsas.
Ahora elige entregarse a quien la hace arder de verdad.
La vida es boomerang: lo que diste en traición, recibes en vacío.
Lo que ella da ahora es puro, salvaje, sin filtros.
Acepta que la perdiste, y déjala volar.
En su vuelo encuentra el éxtasis, la entrega absoluta,
el placer que nunca supiste darle... ni recibir.

El Final Dulce y Cruel

Así que retírate con la dignidad que nunca tuviste.
Busca a otra que aguante tus mentiras.
Mientras, ella se pierde en brazos que sí la valoran,
en camas donde el tiempo sobra para devorarse.
Su cuerpo, cubierto de encaje negro brillante,
se arquea una y otra vez, gritando libertad.
Acepta que la perdiste... y que ella, por fin, se encontró.

🦋 Acepta. Libérate. Arde. 🦋

Palabras clave naturales: poema erótico, deseo carnal, entrega sensual, lencería erótica, liberación sexual, pasión intensa, aceptación de la pérdida, fusión de cuerpos.

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