Piel que susurra

Piel que Susurra – Poemas Eróticos

Piel que susurra

Mi amor…

Aún tiembla mi cuerpo cuando cierro los ojos y te vuelvo a sentir.

Mis manos inquietas, esas traidoras que nunca aprendieron a quedarse quietas contigo,

recorren en la memoria cada centímetro de tu silueta desnuda,

despertando en tu piel ese escalofrío que me pertenece.

Te escribo esta noche porque el deseo no me deja dormir,

porque mi sexo palpita solo con evocar el sabor salado de tu cuello…

Quiero que leas esto lentamente…

que sientas cómo mis palabras se deslizan por tu piel igual que mi lengua lo hacía.

Recuerdo la primera vez que mis dedos encontraron el borde de tus bóxers,

ese instante en que el aire se volvió denso, eléctrico…

Lo tomé con reverencia… y con hambre.

Mi lengua dibujó círculos lentos alrededor de tu glande,

saboreando esa gota perlada que se escapaba como miel caliente.

Y cuando por fin te envolví con mis labios… te llevé hasta el fondo de mi garganta.

En la penumbra tu aliento quema mi nuca,

un susurro ronco que me ordena arquearme.

Tus dedos encuentran la curva húmeda entre mis muslos,

dibujan senderos lentos que me hacen temblar.

No hay prisa cuando me abres con la mirada,

solo el latido sordo de la espera que nos consume.

Desciendes como lluvia tibia sobre mi vientre,

tu boca bebe el néctar que solo tú provocas.

Gimo tu nombre en sílabas rotas,

mientras tu lengua escribe promesas indecentes en mi centro.

Y cuando el fuego estalla en oleadas,

me entrego entera, convulsionando entre tus brazos.

Tu calor me llena, me marca, me reclama.

Soy tuya… en cada espasmo, en cada suspiro.

Bajo la luna mis piernas se abren como alas rotas,

invitándote a entrar en el templo secreto de mi carne.

Tu miembro, duro como el destino, me atraviesa despacio,

centímetro a centímetro, hasta borrar toda distancia.

Nuestros pubis se besan con violencia dulce,

el roce nos electrocuta, nos funde en uno solo.

Cabalgo tu deseo como si fuera el último amanecer,

mis uñas graban lunas crecientes en tu espalda.

“Más profundo”, suplico con voz quebrada,

y tú obedeces, implacable, hermoso en tu lujuria.

Cuando el clímax nos alcanza al unísono,

tu esencia me inunda, caliente, abundante, eterna.

Nos quedamos temblando, pegados, sudados,

dos almas desnudas bendecidas por la noche.

Ven otra vez… aunque sea en sueños.

Hazme tuya hasta que no quede rincón sin tu nombre.

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