Despertar y Pensarte: Poema Erótico de Entrega Absoluta

 

Despertar y Pensarte

Poema Erótico de Adicción y Entrega Total

Mujer sensual en lencería negra de encaje, expresión de deseo intenso

El Hábito que Quema

Despertar y pensarte ya no es solo un hábito,
es una adicción que me recorre las venas como fuego lento.
Tu presencia late dentro de mí, un pulso feroz y constante
que despierta cada rincón de mi cuerpo antes siquiera de abrir los ojos.

La Llamada Silenciosa

Acudes a mi llamado sin que tenga que pronunciar palabra,
como si mi piel gritara tu nombre en silencio.
Vienes dispuesto a calmar —y a la vez a avivar—
estas ansias voraces de poseerte entero, de devorarte con la boca, con las manos, con el alma.

Mujer en dormitorio íntimo con lencería sensual, cuerpo arqueado de placer

Marcas que No se Borran

Me haces tan tuya que aún horas después transpira tu olor,
un aroma salado, animal, tatuado a fuego en cada poro de mi piel.
Queda grabado en mi cuello, entre mis muslos, en la curva de mi espalda
donde tus dedos se hundieron como si quisieran marcar territorio eterno.

La Batalla de los Cuerpos

Esa forma tuya de abrirme la mente, de colarte sin permiso
hasta instalarte en cada recuerdo húmedo y obsceno,
me arrastra al placer crudo de tu cuerpo enzarzado en batalla con el mío:
caderas que chocan, respiraciones que se quiebran, uñas que arañan, lenguas que reclaman.

Mujer glamorosa en cama, lencería negra ajustada, atmósfera erótica

El Volcán que Despiertas

Me excita hasta el delirio saber que despierto en ti esa pasión salvaje,
ese hambre que te hace gruñir mi nombre mientras me abres, me llenas, me doblas.
Me pones a hervir como un volcán a punto de reventar,
la sangre me quema, el sexo me palpita, el vientre se contrae de pura necesidad.

El Limbo de Tu Posesión

Cuando siento tus manos —fuertes, posesivas, sin piedad
apoderándose de mis caderas, de mi garganta, de mis pechos,
me arrastran directo al limbo de tu compañía:
un lugar donde solo existimos tú y yo, piel contra piel, sudor mezclándose,
gemidos que se ahogan en la boca del otro.

Nos perdemos. Me entrego sin reservas,
saciando esta hambre insaciable por lamer tu piel,
por tragarme tus jadeos, por sentir cómo te endureces dentro de mí
hasta que el mundo se reduce a ese latido brutal entre mis piernas.

Mujer en pose sensual con lencería, luz dramática y pasión contenida

Eterno en Mi Carne

Siempre te quedas… de algún modo perverso y delicioso.
Atado a mis ganas más oscuras, a mi necesidad enfermiza de sentirte mío.
Clavado profundo en mi alma, en mi carne, en el eco de mis orgasmos,
como una herida abierta que no quiero que cicatrice nunca.

🦋

Fin de la Entrega

Un poema donde el deseo se convierte en adicción eterna...
¿Te atreves a despertar pensando en mí?

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